24 de Enero, 2013
Nació en Guadalajara cuando el América de Reinoso campeonaba la 75-76. Emergió del semillero del Atlas en el 93: la faena apenas comenzaba. Debutó con Selección el mismo año en que los Tacvubos plantaban su ‘Avalancha de éxitos’. Era 1996 y quizá él no sabía que se avizoraban más de 140 partidos internacionales. Algunos, desde el centro de mando con gafete de capitán.
Medio defensivo. Líbero evolucionado. Volante de
contención. Recuperador. Militar del medio campo. Cañonero implacable. Con la
‘13’ o la ‘8’ a espaldas, fue tejiendo un sitio que será irremplazable para
nuestro futbol.
Tras colgarse dos campeonatos con sus Águilas y
sembrar de minas las canchas de Copa del Mundo, el llamado vino del otro lado
del Atlántico. Llegaba a la Bundesliga derrochando fuelle y madurez. En dos
patadas, este vástago de terruño agavero se aclimató al suroeste alemán. Dictó
futbol con soltura en la misma tierra del poeta Schiller y los cuarteles de Porsche.
Las coníferas que circundan el Neckarstadion fueron testigo de la hazaña. Aquel
VfB Stuttgart se coronaba con la presencia medular de dos mexicanos.
Hoy la nómina del Chicago Fire no puede solventar
a un ejemplar de este calibre. Tras largas meditaciones y a sus 36 años, Pável
Pardo se retira del futbol. Delante está la familia y nuevos proyectos
alrededor del deporte donde rompió con todo. Detrás están campeonatos de club
enhebrados a pie sólido. También están cuatro Confederaciones y un golazo contra
Egipto; tres Copa Oro y sus contundencias; tres Copa América; unos Juegos
Olímpicos y dos Mundiales donde, sin diplomacias, descifró códigos
internacionales para saber quebrar la media cancha del que le pusieran en
frente. Ese es Pável, soldado vertebral para comprender este futbol. Suerte en
todo. Gracias por tanto.
Twitter: @ElCucaracho_Fut